Siempre he escuchado que en nuestro país tenemos 3 deportes nacionales, el béisbol, el dominó y la política. Nunca fue la expresión tan cierta como en los momentos que vivimos en la actual coyuntura política.
La fidelidad del fan dominicano en la pelota no tiene límites, un jugador de su equipo, que hasta el lunes era el mejor del mundo, al otro día resulta ser el más mediocre e inútil deportista. Al igual en la política, hasta hace unos días un dirigente podía ser el más vil y corrupto de los políticos, empero al momento de pasar a las filas del partido que milite el fan dominicano se convierte de una manera mágica en un hombre honesto y capaz, tal y como cuando un jugador del equipo contrario llega al equipo del fan, éste pasa a ser de un jugador meramente bueno, a una estrella camino al Salón de la Fama.
Esto es debido a que, de hecho, la política dominicana se ha convertido en un deporte, que tiene fans y no militancia, la gente sigue un color, unas siglas, y no un ideal ni una ideología. En un sistema político que se respete, el paso de un dirigente de un partido a otro viene de una ruptura ideológica o política entre el dirigente que se marcha y el partido al cual pertenece, como cuando Juan Bosch se marchó del PRD o Salvador Jorge Blanco al marcharse de la UCN. Hoy día los “dirigentes” se marchan de los partidos simplemente porque no obtuvieron el puesto administrativo que deseaban o porque el partido de gobierno le ofreció tal cosa o dejo de ofrecerle la misma.
Pero peores somos los votantes, quienes simplemente seguimos nuestro equipo sin importar quienes lo conformen, ni cuál sea su meta. El votante dominicano, o mejor dicho, el fan político, solamente quiere que su equipo gane, sin importar qué clase de gobierno proponga. Exhorto a nuestros lectores a que le pregunten al militante promedio ¿cuál es la plataforma de su partido de preferencia? ¿a qué tendencia de la social democracia se adhiere su candidato de preferencia? o ¿cuáles son los principios de la social democracia?.
El fan político promedio no podría responderle estas preguntas ni siquiera preguntándole a su candidato de predilección, ya que probablemente él mismo no sabría responderlas. Entonces nos vemos ante un sistema político que busca promover la adhesión de fans pertenecientes a las filas de los equipos, perdón quise decir, partidos contrarios, mediante simbolismos y lemas jocosos que apelen al sentimiento grupal de los seguidores.
Así pues, llegamos a la situación actual, en la cual los fans ostentan esta calidad dentro del partido de predilección porque sus padres también fueron de ese partido, y fueron criados usando esos colores, como dice el slogan “desde chikitico…”, y vocean y tocan la trompeta y asisten a los mítines vestidos del color de su partido, y no les importa cuál será la plataforma política del mismo, sino que su color le ganó al contrario.
Por tanto, no me sorprende el traspaso de un partido a otro de dirigentes políticos, pues si los peloteros pueden, ¿por qué ellos no?, total, esto es simplemente un juego.
¿O no?




