El tema político de los últimos días ha sido, sin duda, el de las elecciones congresionales y municipales de mayo próximo. El vencimiento del plazo para presentar los acuerdos electorales entre los partidos ocupó gran parte del tiempo de los medios de comunicación. Las alianzas entre las cúpulas de los partidos, muchas veces sin contar con el apoyo de las bases de sus organizaciones, han provocado más de un disgusto entre los dirigentes que ven ante sus ojos cómo se violenta la democracia que estos dicen defender.
Tal vez el disgusto más publicitado es el del diputado peledeista por la ciudad de Santiago, Gilberto Serulle, quien luego de ser obligado a abandonar sus aspiraciones de dirigir el ayuntamiento de Santiago, decidió renunciar al PLD, para presentarse como candidato por el PRD, pasando a ser competencia de su antiguo partido.
Diversos sectores han criticado la acción de Serulle. Lo acusan de tránsfuga, de político sin valores. Incluso fue expulsado de manera “deshonrosa” del partido en el que militó por años.
Sin embargo no critico a Serulle. Lo comprendo. Pienso que actuó de manera correcta. En ningún momento se le puede acusar de tránsfuga. Hago estas afirmaciones porque entiendo que entre el PLD, el PRD y el PRSC junto a los partidos que orbitan a su alrededor, no hay ninguna diferencia. Son iguales.
Los tres han practicado la corrupción tanto en el Congreso, en el Ejecutivo, y al nivel Municipal. Han sido incapaces de garantizar educación y salud a la población. Han olvidado la producción agrícola nacional, y por ende la garantía de la soberanía alimentaria de nuestro país. Han protegido y se han beneficiado del narcotráfico y del lavado. Los tres fundamentan sus prácticas políticas en el clientelismo, en la compra de conciencias, en la perpetuación de los cinturones de miserias, para garantizar una dependencia elector-candidato que les permita reelegirse cada cuatro años.
Serulle está consciente de esta realidad, y como no es distinto, actuó en consecuencia. Su objetivo es llegar a la alcaldía de Santiago para continuar reproduciendo este sistema, y encontró su candidatura en un partido que tiene las mismas prácticas que el PLD.
Lo único que me asombró de la decisión de Serulle fue su expulsión “deshonrosa” del PLD, ya que un partido que en los últimos tres torneos electorales ha utilizado la estrategia de comprar dirigentes de sus adversarios para mantenerse en el poder, no debería ahora satanizar esta acción. Lejos de ser expulsado, Serulle debió recibir los más altos honores del Comité Político del PLD. Serulle debió recibir una visita personal del presidente Leonel Fernández para felicitarlo por aplicar de manera ejemplar las prácticas de su partido, por imitar a la perfección las prácticas de su líder, por ser sencillamente su estudiante más aventajado.






