Santo Domingo. De manera sorprendente la República Dominicana se dio cuenta de que durante más de medio siglo se había equivocado respecto a algunos hechos que consideraba históricos. Es el caso de la atribución del asesinato de las hermanas Mirabal al régimen liberal del dictador Rafael Leónidas Trujillo, ya que de acuerdo a fuentes de enorme credibilidad los hechos no sucedieron así. Conviene resaltar que la veracidad del desmentido histórico se funda en las más modernas técnicas objetivas de investigación fidedigna llevadas a cabo por la brillante científica Angelita Trujillo.
De hecho, la indicada investigadora, hija del mencionado demócrata tirano, sumando los más serios sueños que ella recuerda haber tenido con las declaraciones precisas de innumerables testigos imaginarios, ha podido revelar datos como el ya mencionado, respecto a la muerte de las tías del actual ministro de medio ambiente, recursos naturales y demás bienes nacionales en baratillo.
Sin embargo, algunos sectores, retrogradas, rencorosos y desconocedores de la historia, apegados, de una parte, a los cuentos narrados por los desautorizados libros de historia, y de otra parte, a los relatos tergiversados de aquellos que sufrieron materialmente la era de Trujillo; tienen la poca vergüenza de criticar el fiel contenido histórico de la obra de una persona cuya única inspiración ha sido el rigor científico de sus fantasías. De ese modo, la otra parte de la sociedad, o sea, Julieta Trujillo (prima de Angelita), ha salido a la defensa del best seller y ha dicho que quien mejor que la hija del jefe para hablar de las cosas ocurridas durante el aludido gobierno, pues a quien se le ocurriría pensar que otro motivo distinto a los más nobles intereses patrios la moverían a publicar una obra como esa.
De su lado también, toda la militancia del Partido Dominicano ha mostrado su apoyo a la causa de Angelita. En efecto, se han verificado menifestaciones de solidaridad de toda índole y desde todos los lugares, desde las más pacíficas en los cementerios nacionales, hasta las más violentas en el extranjero, según reseñan todos los vespertinos del infierno, los cuales señalan, además, que Angelita es una víctima del robo que el Estado Dominicano le hizo a su familia cuando le confiscaron mediante Ley todos los bienes conseguidos con su sudor y otras armas químicas.
A la sociedad sólo le queda agradecer a Angelita por su notable aporte al esclarecimiento de la historia dominicana, y pedirle a Dios que le continúe bendiciendo su entelequia, y sobre todo que le otorgue mucha capacidad de síntesis para que pueda aclarar las injurias que malvadamente se han construido en contra del una vez benefactor de la patria en por lo menos 183 tomos.
De todo esto lo más lamentable es que el Estado dominicano no ha puesto las pericias necesarias para que se designe a Angelita como presidenta de la Comisión Nacional de Efemérides Patrias, Directora de la Academia Dominicana de la Ciencia y rectora del Instituto Duartiano, pues con sus esfuerzos desde esas instituciones seguro ella encontraría una chorna de Pedro Santana, una tataranieta de Buenaventura Báez y una biznieta de Lilís para que con su mismo rigor histórico de una buena vez se narre la historia de ciudad Trujillo como ellas quieren que sea.





